"Los Ejercicios Espirituales son todo lo mejor
que yo puedo en esta vida pensar,
sentir y entender, para que el hombre se
pueda aprovechar a sí mismo y para
poder fructificar, y ayudar a otros muchos". San Ignacio de Loyola, Carta al P. Manuel Miona, 16 de nov. 1536.
miércoles, 13 de mayo de 2015
lunes, 11 de mayo de 2015
Ofrece toda tu vida a Dios
"Ofrece tu fe para castigar la incredulidad; ofrece tu ayuno para poner fin a la voracidad; ofrece tu castidad para que muera la sensualidad; sé ferviente para que cese la maledicencia; haz obras de misericordia para poner fin a la avaricia; y para suprimir la tontería, ofrece tu santidad. Así tu vida se convertirá en tu ofrenda si no ha sido herida por el pecado. Tu cuerpo vive, sí, vive, cada vez que matando el mal en ti, ofreces a Dios virtudes vivas". San Pedro Crisólogo, Sermón 108.
sábado, 9 de mayo de 2015
Buenos súbditos
“Habiendo peligro próximo para la Fe, los prelados deben ser argüidos incluso públicamente por los súbditos”. Santo Tomás de Aquino, O.P., Suma Teológica, II-II, 33, 4-2.
jueves, 7 de mayo de 2015
Uno de los más extraños monstruos
“De hecho, sería uno de los más extraños monstruos que se podría ver; que el jefe de la Iglesia no fuera de la Iglesia”. San Francisco de Sales, The Catholic Controversy, edición inglesa, Rockford, IL: Tan Books, 1989, p. 45.
martes, 5 de mayo de 2015
Signo del anticristo
“… el signo distintivo del anticristo, el hombre que se pone con temeridad infinita en el lugar de Dios…”. San Pío X, E Supremi Apostolatus, 4 de octubre de 1903.
domingo, 3 de mayo de 2015
Benditas almas del Purgatorio
“La Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, ha enseñado, basada en la Sagrada Escritura y en la tradición antigua de los Padres, en sus concilios y más recientemente en este sínodo ecuménico, que el purgatorio existe, y que las almas allí detenidas, son socorridas por las oraciones de los fieles y sobre todo por el sacrificio aceptable del altar”. Papa Pío IV, Concilio de Trento, sesión 25, 3 a 4 de diciembre de 1563.
viernes, 1 de mayo de 2015
Venid a mí, apended de mí
Te veo, buen Jesús, con los ojos que tú has abierto en mi interior, te veo gritando y llamando a todo el género humano: “Venid a mí, aprended de mí” ¿Cuál es la lección?...tú, por quien todo ha sido creado...¡cuál es la lección que venimos a aprender en tu escuela? “...Que soy sencillo y humilde de corazón”. (Mt 11,29) Aquí están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (cf Col,23): aprender esta lección capital: ser sencillos y humildes de corazón...
Que escuchen, que vengan a ti, que aprendan de ti a ser sencillos y humildes de corazón los que buscan tu misericordia y tu verdad, viviendo para ti y no para ellos mismos. Que lo escuche aquel que sufre, que está cargado con un fardo que le hace desfallecer, hasta tal punto de no atreverse a levantar los ojos hacia el cielo, el pecador que golpea su pecho y se queda a distancia. (cf Lc 18,13) Que lo oiga el centurión que no se sentía digno que tú entraras en su casa (Lc 7,6) Que lo oiga Zaqueo, el jefe de los publicanos cuando devuelve cuatro veces el fruto de su pecado (Lc 19,8) Que lo oiga la mujer que había sido pecadora en la ciudad y que derramaba tantas lágrimas a tus pies por haber estado tan alejado de tus pasos. (Lc 7,37) Que lo escuchen, las mujeres de la vida y los publicanos que en el Reino de los cielos preceden a los escribas y fariseos. Que lo oigan los enfermos de toda clase con quienes compartías la mesa y te acusaron de ello...
Todos estos, cuando se vuelven hacia ti, se convierten fácilmente en gente sencilla y humilde ante ti, acordándose de su vida llena de pecado y de tu misericordia llena de perdón, porque “cuanto más se multiplicó el pecado, más abundó la gracia.” (Rm 5,20). San Agustín de Hipona, Tratado sobre la virginidad, 35-36.
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