Non nobis, Domine, non nobis, sed nomine tuo da gloriam. Psal 113, 9

lunes, 31 de enero de 2011

Calla y ora

Yo soy solo un pobre ermitaño. Mi barba ya se hizo larga y blanca. Busqué a Dios y me lancé en sus brazos de Padre a cielo abierto. He experimentado muchas veces la debilidad, la falta de fuerza. Acudí al hermano que me guiaba; le pedía la limosna del pan, el pan de hacerme ver el camino que me llevase, lo más rápidamente posible a Dios. Su respuesta fue sencilla y clara, como el agua cristalina de la fuente cercana: Hermano, si quieres llegar a Dios en silencio, crece en deseo, ansía con toda tu alma su amor y su presencia, lanza tu corazón como el pájaro que, apoyado en la rama, mira con ojos abiertos el cielo azul. Y después calla y ora, ora y calla, paso a paso … Poco a poco te vas acercando al corazón de Dios. Un día verás con gozo que Dios ya está en tu corazón. Porque orar no es cuestión de prisas, sino de constancia y paciencia en el paso de amor de cada día. En silencio acudes a Dios y en silencio Él va entrando en tu vida.

sábado, 29 de enero de 2011

Si queremos agradar a Dios

"Si queremos agradar a Dios, seamos almas de fe, de fe sencilla que nos penetre por entero. Juzguemos los acontecimientos a la luz de la fe, lo mismo que las pruebas y que las alegrías. Toda flojedad en la vida espiritual viene de la falta de espíritu de fe. Cuando se siente desaliento, cuando se encuentra uno menos recogido, menos mortificado, menos generoso al servicio de Dios, es que el espíritu de fe se ha debilitado. Recobrémoslo desde la base. Perfeccionemos nuestro espíritu de fe. En lugar de dejarnos conducir por la pura razón y algunas veces por la sensibilidad, rectifiquemos por la fe las impresiones de nuestra sensibilidad. Cuando esa luz que hiere con sus rayos las últimas fibras de nuestro corazón nos haya hecho alcanzar la transformación completa, habrá llegado el triunfo de la fe. La fe inspirada por la caridad nos modela a imagen y semejanza de Jesús, hasta el punto de que Dios cree ver en nosotros a su Hijo". Robert de Langeac, La vida oculta en Dios.

jueves, 27 de enero de 2011

Haz lo que esté en tu mano

"Tu elevación queda en el secreto de Dios; sin duda, Él no te dirá nada. Haz lo que esté en tu mano. Ama, ofrece a menudo a Dios la santidad inigualable de Jesús, de María y de los santos vivos y difuntos: todo eso te pertenece a ti, beneficiario de la Comunión de los Santos. Ofrécele la santidad del Cuerpo Místico de Cristo: eso es lo que glorifica a Dios. Tú eres miembro de ese Cuerpo, el menos noble quizás, pero no sin utilidad. Di con convicción y santa confianza: “Santa María, Madre de Dios, ruega por mí, pobre pecador”. Y vive en paz bajo las alas protectoras del Dios que te ama". Un Cartujo.

miércoles, 26 de enero de 2011

Palabras a los confesores

"Aquellas palabras que el Señor dijo a Jeremías: Ecce constitui te super gentes. . . ut evellas. . . et dissipes et aedifices et plantes (Jer 1, 10), las está repitiendo a todos los confesores; los cuales no solo deben arrancar los vicios del alma, sino también plantar virtudes". San Alfonso María de Ligorio, La práctica del confesor, 99.

martes, 25 de enero de 2011

Las siete armas espirituales

1. Tener cuidado y solicitud en obrar siempre el bien.
2. Creer que nosotros solos nunca podremos hacer algo verdaderamente bueno.
3. Confiar en Dios y, por amor a él, no temer nunca la batalla contra el mal, tanto en el mundo como en nosotros mismos.
4. Meditar a menudo los hechos y palabras de la vida de Jesús, sobre todo su pasión y muerte.
5. Recordar que debemos morir.
6. Tener fija en la mente la memoria de los bienes del Paraíso.
7. Tener familiaridad con la Santa Escritura, llevándola siempre en el corazón para que oriente todos nuestros pensamientos y acciones.
                                                                         Santa Catalina de Bologna.

domingo, 23 de enero de 2011

Para que pueda amarte con amor perfecto

Oh Dios, a quien todos los corazones están abiertos,
para quien todo deseo es elocuente
y ante quien nada secreto está oculto;
purifica los pensamientos de mi corazón,
y derrama tu Espíritu,
para que yo pueda amarte con amor perfecto
y alabarte como tú mereces. Amén.

De “La Nube del No-Saber”.

viernes, 21 de enero de 2011

Protégeme Cristo, porque sufro por tí

«Gracias, Cristo: protégeme porque sufro por ti... Adoro al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Adoro a la Santa Trinidad... Gracias, Cristo. ¡Ayúdame, Cristo! Por ti sufro, Cristo... ¡Tu gloria es grande, Señor, en los siervos que te has dignado en llamar!... Te doy gracias, Señor Jesucristo, porque tu fuerza me ha consolado; no has permitido que mi alma pereciera con los impíos y me has concedido la gracia de tu nombre. Confirma ahora lo que has hecho en mí para que quede confundida la soberbia del Adversario». Secuencia de oraciones espontáneas, de las «Actas de Euplo», diácono mártir de Catania, muerto en torno al año 304 bajo Diocleciano.