“Lo que principalmente se ha de pedir a Dios en la oración es que nos una a Él”. Santo Tomás de Aquino O.P., Summa Theol., II-II, q. 83, art. 1-2.
miércoles, 30 de enero de 2013
lunes, 28 de enero de 2013
Fidelidad y amor de un alma
“En ninguna otra cosa conoce mejor el Señor la fidelidad y el amor de un alma que viéndola dedicada al bienestar del prójimo”. San Juan Crisóstomo, Serm. De B. Philog., ad pop. Ant.
sábado, 26 de enero de 2013
Darnos del todo a Dios
“Aun cuando no hubiere otra razón para darnos del todo a Dios, bastaría tan solo saber que Dios se ha dado completamente a nosotros”. San Bernardo de Clairvaux, De modo bene viv. 1, 8.
jueves, 24 de enero de 2013
Vida poco edificante
“Los sermones de los sacerdotes de vida poco edificante producen desprecio más bien que frutos”. San Gregorio Magno, In Ev. hom. 12.
martes, 22 de enero de 2013
Atleta de Cristo
“Carga sobre ti como perfecto atleta de Cristo, las enfermedades de todos”. San Ignacio de Antioquía, Epístola a San Policarpo, 1, 3.
domingo, 20 de enero de 2013
Substancia de los sacramentos
“Ningún poder compete a la Iglesia sobre la substancia de los sacramentos, es decir, sobre aquellas cosas que, conformes a las fuentes de la revelación, Cristo Señor estatuyó debían ser observadas en el signo sacramental”. Pío XII, Constitución Apostólica Sacramentum Ordinis, del 30 de Noviembre de 1947, D 2301.
viernes, 18 de enero de 2013
Fin, medios y obras del sacerdote celoso
FIN: Si queremos recibir de Dios el premio de las fatigas por la salvación de las almas, hemos de hacer lo que hacemos, no por respetos humanos ni por honra propia nuestra o por ganancia terrena, sino sólo por Dios y su gloria.
MEDIOS: 1) Ante todo hay que atender a la propia santificación. El medio principal para convertir las almas de los pecadores es la santidad del sacerdote. 2) En segundo lugar, para recoger gran cosecha de almas hay que dedicarse mucho a la oración, donde se reciben de Dios las luces y los sentimientos fervorosos, para poderlos comunicar a los demás.
OBRAS: 1) Ha de atender a la corrección de los pecadores. 2) Ha de trabajar en el ministerio de la predicación, con la cual se conserva la fe y el temor de Dios en los fieles. 3) El sacerdote ha de asistir a los moribundos, puesto que esta es la obra de caridad más agradable a Dios y la más útil para la salvación de las almas. 4) Debemos persuadirnos de que el principal ejercicio en bien de las almas es el oírlas en confesión.
En suma, que el sacerdote únicamente ha de procurar la gloria de Dios y la salvación de las almas.
San Alfonso Mª de Ligorio, La dignidad y santidad sacerdotal, cap. IX, 4.
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